A salto de mata

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Nombre: Karenina
Lugar: Spain

Este es el "diario de una múltiple". Un ser despistado y con tendencias melancólicas que se alternan con escasos momentos de euforia. Una psicóloga que no cree en la psicología, lectora empedernida, fumadora compulsiva...y que ha empezado a escribir sólo como pequeña terapia

martes, julio 26, 2005

Emociones


No sé por dónde empezar, daros las gracias me parece poco. Los comentarios que he leído del último post que logré escribir (digo logré porque ahora me cuesta ponerme ante el teclado) me han removido, han despertado en mí un montón de emociones. Es extraño, ninguno me conocéis personalmente y habéis sido capaces de entenderme mejor que mis propios amigos. Para ellos no tengo motivos para deprimirme dado que "lo tengo todo"; es triste, porque se refieren a que tengo todo lo material que puedo necesitar, me apena que no comprendan que fallan los afectos y que es posible deprimirse sin que haya ningún factor externo desencadenante.

Este post no lo escribo para contar nada, lo hago para daros las gracias a cada uno de vosotros, por los ánimos, por la comprensión, y porque me ayudáis mucho más de lo que podéis imaginar. Y me gustaría agradecéroslo uno a uno.
A Peter P. y Deckard, que siempre me muestran su cariño. Han dejado un par de líneas pero son más que suficientes para que me de cuenta de que están ahí, y de que puedo contar con ellos.
A la otra psicóloga, a quien ni siquiera conozco por su blog, y que muestra una enorme comprensión y afecto.
A mi pequeña Guiomar, que me lee todos los días y me dice unos piropos preciosos. Una niña con una dulzura enorme, con inquietudes, amorosa, inteligente...
A Carol, que desde el día que empecé este blog me visita a diario, se ríe conmigo, me anima a seguir, me desea lo mejor; educada, tierna, deseando ayudar... un amor de niña.
A Lilian, una mujer de gran carácter pero llena de ternura y caridad. Siempre tiene la palabra amable a punto, siempre atenta a lo que les sucede a los demás, y a la que me gustaría que felicitaran porque acaba de ser su 18 aniversario de boda.
Pampargento, tú y yo, aunque no nos conozcamos personalmente ya somos grandes amigos. Nos hemos escrito muchas veces y sé que sientes todo lo que me ocurre. Eres un gran hombre, nunca tendré tiempo suficiente para agradecerte todo lo que has hecho por mí.
Julio y la Senda de Luz, con su visión de la vida, que me hacen confiar en que el mundo está lleno de gente buena y comprensiva. Los dos destilan amor, ternura, respeto por la vida en todas sus manifestaciones. Son dos seres muy especiales.
Ixchel, una buena amiga mexicana, con quien me identifico plenamente. Nos visitamos a diario, y se ha creado entre nosotras una corriente de simpatía y comprensión inesperada.
Jersy, también mexicano, adorable, que me acompaña en la distancia.
Cava, al que menos conozco, y que se molesta en venir a darme ánimos; no sabes cuanto te lo agradezco
Sofía del Mar, la última en incorporarse al blog. Cariñosa, hospitalaria, capaz de empatizar conmigo en dos días. Y que incluso me ha invitado a su casa.

Me dejo a alguien, seguro, a caraacara que me ha dejado muestras en mi correo de gran cariño y de una humanidad poco frecuente, a la dama blanca, la encantadora, dispuesta a echar una mano a todos, a escrivana...No sé, no puedo citar a cada uno de los que me habéis ayudado. En lugar de deciros "gracias" prefiero deciros "gracias por existir". Un gran abrazo.

Feliz día

sábado, julio 23, 2005

El estío axial y definitivo

Creo que todo el mundo tiene en su vida un estío axial y definitivo. Tal vez para algunos haya sido un otoño, un invierno o una primavera. Tengo tendencia a aferrarme a la primera idea, a ese verano que nos marcó, que supuso un antes y un después en nuestras vidas.

Mi particular estío definitivo fue el pasado. Lloré tres muertes; irremediables dos de ellas, quizá evitable la segunda, aunque no quiero darle vueltas imaginando lo que podría haber hecho o dejado de hacer para evitarla. Ya no puedo solucionar nada, de modo que mejor dejarlo ahí, quieto, no removerlo, y no dejar que nadie me lo remueva. No supe llorarlas en el momento adecuado, me comporté como un ser frío, que dominaba la situación y tenía que dar ánimos a los demás. Mucho tiempo después (es posible que varios meses) empecé a ser consciente de las pérdidas. Entonces sí pude llorarlas, culpé a todos los que tenía cerca, sin poder evitarlo, culpé a Dios, me culpé a mí misma. Y así comenzó el lento derrumbe que me ha llevado al estado actual.

Ya sé que esto parece un libro de quejas. Podría cambiarle el nombre al blog, y llamarlo "libro de quejas, reclamaciones y sugerencias"; creo que es más adecuado al estilo que está adquiriendo.
Desde ese terrible verano llevo sobre los hombros el escapulario de rara, de solitaria, y de un poco estrafalaria. Lo llevo sin esfuerzo, lo confieso, y sin ninguna pena. No es eso lo que me preocupa. Lo que me asusta es que me doy cuenta de mi mutilación o carencia. Hay criaturas que no pueden disfrutar de un aroma; otras no aprecian la belleza de un paisaje; algunas carecen de paladar para saborear un buen vino o una comida deliciosa. Mi incapacidad es de otro tipo.
He perdido el rumbo de mi vida, sigo a la deriva a pesar de los intentos propios por enderezar la embarcación, de la ayuda de la química, y de la compañía de buenos amigos de mentes lúcidas , cargados de cariño y de buenos consejos. Esa es mi incapacidad, acabar con mi no-vida y volver a ser como era antes. Con más magulladuras, más heridas en el alma, pero creo que también más comprensiva y tolerante, menos exigente con los demás. El dolor y la depresión severa te transforman en alguien capaz de comprender cualquier cosa que haga el ser humano, incluso las más terribles. Y te ayuda a perdonar el daño que te puedan causar. Tal vez si no lo han padecido sea difícil de creer, pero les aseguro que es cierto.

Y van pasando los días, con sus noches insomnes, sus tardes de sol; y pasan las malditas horas en los relojes inmisericordes e imparables. Y dejo que pase gente interesante por mi lado sin tan siquiera reparar en ellos; o, tal vez sí reparo, pero ahora no tengo nada que ofrecer. Claro que deseo vivir algo nuevo, algo que corrompa la rutina, que mate definitivamente la hipócrita mansurronería diaria. Pero tampoco estoy preparada para ello.

Lo intento, doy mi palabra de que lo intento, pero ya no sé cómo. No quiero que la tristeza se quede adherida a mí como una segunda piel de la que no me pueda librar jamás. Ya ven, sigo sin poder cumplir mis propósitos que ustedes tanto celebraron. No es sencillo salir de estas aguas emponzoñadas en las que me he quedado estancada.

Prometo que lo seguiré intentando. Vuelvo a recurrir a mi querido Sabina "nadie va a ayudarte si no te ayudas tú un poco más". De todos modos, admito consejos y sugerencias. Pampargento, intento seguir los tuyos, pero no sé cómo.

Un abrazo. Feliz sábado a todos

jueves, julio 21, 2005

La "máquina de la felicidad"


Hoy no tengo ánimo para escribir, estoy sometida a una fuerte sedación que me impide pensar con claridad. Me dicen que no cuente estas cosas, que esta muestra de impudicia es desagradable, que ya es más impudencia que impudicia. No me importa que lo sepan, no me avergüenzo de ello, y poder contarlo me supone un alivio. Les dejo un artículo que me ha remitido Pampargento, mi buen amigo de Argentina, que ha rescatado de la prensa de hoy.

"Hallaron por azar una "máquina de la felicidad". Es un estimulador de las ganas de vivir. Se usaba para curar la epilepsia, pero los enfermos resultaban más optimistas luego del tratamiento. Así, encontraron un invento efectivo contra la depresión. Nadie se lo esperaba: de un aparato para curar la epilepsia se arribó por azar a la máquina de la felicidad. Es un estimulador del nervio vago, así su nombre, que está siendo introducido en los Estados Unidos para el tratamiento de la depresión. La idea de partida se les ocurrió en los noventa. Enviando pequeñas señales eléctricas al cerebro a través del nervio vago la frecuencia de los ataques epilépticos se reducía. El Vagus Nerve Stimulator es un aparato grande como un reloj de cadena y es implantado debajo de la piel en la base del cuello. Comenzó a ser usado en 1997 y dejaba a los médicos contentos a medias, dice la prensa italiana, pues la frecuencia de los ataques se reducía muy de a poco, pero en compensación los enfermos se sentían más optimistas, brillantes, con memoria vivaz y el espíritu alegre. La firma productora, Cyberonics, se volcó enseguida al mercado de las penas. El primer experimento resultó bastante positivo: el 23% de los pacientes con depresión profunda registró un mejoramiento "significativo"; el 10% obtuvo resultados "extraordinarios" y el 43% sintió un "beneficio mínimo o nulo". Luego de analizar los resultados, los expertos de la Food and Drug Administration (FDA) dieron su consentimiento a la comercialización del producto. Con indicaciones restrictivas, por el momento, pero se puede usar. Para estimular el nervio vago en casos de depresión, el paciente debe antes haber atravesado cuatro ciclos de terapia farmacológica diferentes sin haber tenido beneficios. "Para estos pacientes se puede incluso hablar de una terapia 'salvavidas'. El riesgo de suicidio no fue valorado correctamente", explicó a La Repubblica Alberto Albanese, neurólogo de la Universidad Católica y del Hospital Besta de Milán. "Pero si los primeros años de uso dan resultados positivos, no está excluido que la FDA pueda cambiar su indicación, hacerlo menos restrictivo e indicarlo como �! 39un peacemaker de la felicidad'". En el fondo, el invento es simple, y el aparato no produjo efectos colaterales de relieve. Luigi Specchio, director de la Clínica de Neurología y profesor de la Universidad de Foggia, usó el estimulador del nervio vago sobre pacientes enfermos de epilepsia: "El aparato se pone debajo de la piel y es un procedimiento muy simple. Está hecho de material biocompatible y no da problemas de rechazo. Cada cinco minutos envía estímulos eléctricos que duran 30 segundos, y el paciente advierte una sensación de picazón en la garganta o un cambio en el tono de voz, como cuando se está resfriado", dijo. Raramente los ataques de epilepsia desaparecen del todo, pero la intensidad y la frecuencia queda reducida. "Si el aparato no funcionara -añadió Specchio - nada impide que se quite o se apague". Así, podrán usarlo tanto los epilépticos como los depresivos, y se extenderá a todo el mundo si se abaratan los costos. Una revolución inminente."

Me he alegrado al leerlo, gracias Pampargento, espero anhelante el momento en que se comercialice en España. Aunque creo que los afectos pueden ser buenos sustitutos de esta máquina de la felicidad.
Para ti, que aunque no diga tu nombre espero que sepas que eres el destinatario, te dejo un poema que siempre me ha gustado:
Si alguna vez la vida te maltrata,
acuérdate de mí,
que no puede cansarse de esperar
aquel que no se cansa de mirarte

Luis García Montero
"Habitaciones separadas" .
Feliz día a todos

martes, julio 19, 2005

Volver a ser una niña

Ahora que en mi vida están sucediendo cosas que no logro aceptar ni superar (no hablo sólo de Ricardo, eso es sólo una, aunque me haya afectado más de lo que yo pudiera prever) añoro frecuentemente mi niñez. Me gustaría poder decir alguna vez "no te ajunto", como solíamos decir a los otros niños cuando nos enfadábamos con ellos; "no me da la gana", algo que no decía jamás ante mis padres, pero en la calle...vaya que si lo decía; "no juego más", y te marchabas tan ricamente a hacer otra cosa que te apeteciera.

Qué bien me sentiría diciéndole a mi jefa "no te ajunto", "no me da la gana" y sobre todo "no juego más". Qué grato sería poder decirle esas cosas a la gente que te vampiriza, a quien te maltrata con sus palabra sin motivo ninguno para hacerlo, a los seres impositivos que cuando te piden un favor más bien te lo están ordenando.

No preocuparme por la hipoteca, no enterarme de los problemas del mundo, dormir profundamente sin que la conciencia me moleste en plena noche para recordarme lo que no he hecho o lo que he hecho mal, recibir el achuchón de mi padre cuando me iba a despertar (acompañado del zumo y de la leche)...Él me hacía las coletas, comprobaba que mi ropa estuviese en perfecto estado, rezábamos el "Jesusito de mi vida" y a la calle.

Volver a vivir aquellas tardes, en las que merendaba un enorme bocadillo de nocilla, saltaba a la comba durante horas, les daba a mis hermanas la paga para que me hicieran los deberes (esto no lo había confesado nunca, pero es verdad. Fui muy buena estudiante, pero hacer las tareas me robaba mucho tiempo de juego...). El colegio me gustaba, imagino que porque me inculcaron desde muy pequeñita que me tenía que gustar, que era casi como un premio, y estudiar también me motivaba, porque era la pequeña y quería saber tanto como mis hermanos mayores.

Si alguien me decía ¿vienes a la playa?, no tardaba ni cinco minutos en estar lista. ¿Ahora? tengo que revisar todo mi cuerpo para comprobar si el vello ha hecho su aparición de nuevo, y si es así, someterme a una sesión de cera, con lo que la playa queda pospuesta para el días siguiente. Las tardes de juego se han convertido en tardes de trabajo ante el ordenador y de limpieza de la casa. Los buenos modales me impiden decir "no me da la gana", y por supuesto "no te ajunto" o "no juego más" no se admite en el vocabulario de los adultos.

Sí, había situaciones desagradables también, como tener que ir al conservatorio (ahora sí me gustaría ir); me apagaban la luz a las 10 de la noche, y tenía que esperar a que se durmieran para seguir leyendo; mi padre me llevaba a todas las procesiones desde muy pequeña, y a mi me daban miedo los nazarenos y la música de los tambores; no me gustaba comer y había que hacerlo por imposición materna...aún así ¡quiero volver a ser una niña!

Lo único que no he dejado desde entonces son los bocadillos de nocilla, son mi pequeño homenaje a mi niñez. He sido una privilegiada por haberla disfrutado tanto, y por tener padres que nunca fueron agresivos y sí muy comprensivos con todas las locuras que hice de niña (tirarme monte abajo con una bicicleta fue una de ellas) .

Me he levantado un poco melancólica (jeje, para variar ¿eh?). Estoy en plena crisis, y esta no se supera con facilidad ni rapidez, todo sigue inestable y vacilante. Recordar los buenos momentos de la niñez me ayuda, y ahora estoy sonriendo como una tonta.

Gracias, amigos, por los ánimos de ayer, y por sus piropos. Me he avergonzado un poco. Me siento acompañada por ustedes. Un abrazo y que tengan un feliz día

sábado, julio 16, 2005

Viviendo en "Vetusta"


Me estoy convenciendo de que ha llegado el momento de dar un nuevo portazo. No es un estilo muy elegante de irse pero es el único que se me da bien. Esta ciudad me está empezando a matar lentamente. Maldigo el día en que me vine a vivir aquí; sí, muy limpia, muy ordenada, muy cuidada, muy iluminada (artificialmente, por supuesto, la luz natural es escasa y gris), con muchas calles peatonales para pasear y fachadas relucientes llenas de geranios. Pero repleta de mentes estrechas, lenguas maldicientes y espíritus enanos.

Una ciudad que vive pendiente del qué dirán, donde todo el mundo se conoce, se viste casi igual, y sale el viernes a cenar con su "pandilla alegre y fina". Parece que hoy se ha apoderado de mi toda la vesania. Puede que sea eso, o que ayer se repitió un episodio que no por conocido deja de irritarme.

Voy a hablarles de un hombre, enfermo de Parkinson, joven, pero al que la enfermedad le ha puesto aspecto de anciano. Supongamos que se llama Nicolás. E l verano pasado lo acompañaba todas las tardes a dar un paseo, y luego nos sentábamos en una terraza a tomar algo. A pesar de sus dificultades motrices y con el habla es un tipo muy interesante. Tuvimos que dejar nuestros paseos porque algún ser ocioso y malvado se dedicó a hacer correr el rumor de que teníamos una historia y, dado que es un hombre casado, no queríamos que hubiera problemas. Su mujer se disculpó conmigo, incluso me agradeció que lo acompañara en sus paseos, porque ella no podía, pero el rumor continuó.

Hace un mes lo han operado; aún no ha recuperado bien la movilidad, pero su lenguaje se ha hecho más comprensible. Muy contento con su nuevo estado vino a llamarme a casa para que paseáramos juntos. Nos dimos un gran abrazo y nos sentamos en un café cercano a su domicilio a tomarnos un refresco (no puede tomar cervezita). Parece que vernos juntos no fue del agrado de las adorables vecinitas de Nicolás: "Hombre, la parejita, ya salís otra vez","N. deberías estar descansando y no saliendo por ahí con esta chica", "¿Qué tal tu mujer? ¿está trabajando?" "hola N. acabo de enterarme de que te has operado, voy a llamar a tu mujer para ver qué tal ha ido todo". Y digo yo...si él estaba allí, ¿por qué no le preguntas a él, so bruja? ¿O es que necesitas llamar a su mujer para contarle que está sentado en una terraza conmigo?.

Hasta el gorro de miradas oscuras y de cabezas que se volvían nos despedimos. Lo acompañé a casa porque ya he dicho que aún camina con dificultad. Charlé un rato con sus hijas, comentando lo que había pasado. A ellas también les duele que las adorables vecinas murmuren. En definitiva, que de nuevo dejamos nuestros paseos y las charlas de café para ahorrarnos disgustos. Reconozco que el espíritu de esta ciudad se ha apoderado de mí, y me disgusta que se inventen chismes en los que yo sea protagonista. No tanto por mi imagen, que no tengo nada que ocultar (ejem, algo sí, pero de eso no se enteran), como por la de un hombre que está casado. Imagino que a su mujer no le hará gracia estar en boca del vecindario.

Este es sólo un pequeño ejemplo de esta deliciosa ciudad en la que vivo. Que disfruten del sábado.

jueves, julio 14, 2005

Un "relajante" día de playa


Nos quejamos constantemente de la mala programación de la televisión (estoy de acuerdo, me horroriza la TV, de hecho puedo pasarme semanas sin encenderla), de la abundancia de reality shows, de que hay demasiados programas "del corazón", del lenguaje grosero de la mayoría de los famosillos que están de moda, de...de...de...pero la realidad supera en mucho, mucho, mucho, a la televisión.

Me voy a ceñir a lo visto y oído en mi día de playa. No, no soy una vieja gruñona y pasada de moda. Tengo 36 años, buen aspecto, me cuido y visto a la moda. Un blogger me ha dicho que por lo que escribo me imaginaba gorda, bigotuda y con un tatuaje de un cantante de tangos, jajaja, genial. No, no tengo ese aspecto, y tampoco creo ser excesivamente conservadora, pero la fauna que poblaba la playa era digna de ser filmada. Llámenme mala, sí, en este caso es merecido.

Llegué a la arena temprano, sobre las 10.30, extendí mi toalla y coloqué una lata vacía para echar mis cigarrillos. Apenas una hora más tarde ya estaba rodeada por un montón de gente. No quería escuchar sus conversaciones; me vi obligada a hacerlo, hablaban tan alto que era imposible abstraerse. "Tía, ¿viste que X se puso la misma falda tres días?". "Mama (sin acento ¡horror!) ¿te fijaste en los dientes de la Esteban? voy a ponerme unos de esos". "¡Tía! qué bien bailó Romay en la tele, ¡una pasada!". Yo no sabía que Romay bailaba en la tele, creí que era un jugador de baloncesto, pero no pregunté...por si acaso. El resto de lo que oí no difiere mucho, en cuanto a contenido y forma, de las frases anteriores.

Capítulo aparte. En dos horas la playa se convirtió en un cenicero. El personal fumaba y dejaba las colillas en la arena. Tuve que escuchar toda la discografía de "Andy y Lucas" porque un grupo de jovencitas la puso a un volumen considerable; al mismo tiempo oía las noticias de la radio de una señora que estaba bastante alejada de mí. Estos dulces sonidos, unidos a los aromas a coco que despedían muchos cuerpos (¿aún alguien se pone aceite de coco?) consiguieron revolverme un poco el estómago.

Decidido, voy a darme un baño para relajarme. Huy, llegar a la arena fue una aventura, me sentía como si estuviera en un videojuego. Esquivé pelotas de jugadores de palas, discos que están muy de moda pero no sé cómo se llaman, musculitos corriendo como si alguien los persiguiera, niños arrastrando tablas que me golpearon las pantorrillas más de una vez...Y así, con un par de magulladuras y el corazón acelerado por tanto susto, llegué al agua. No hizo falta que yo me mojara, un buen grupo de chapoteadores se encargaron de hacerlo. Me dí mi baño, volví a la toalla y ante aquel panorama, me vestí y me fui. Gran atasco para llegar a casa.

¿Quién dijo que un día en la playa es algo relajante? creo que lo dije yo. Me equivoqué, tal vez en otras playas lo sea, en esta noooo.

Feliz día a todos. Espero que su estancia en la playa sea más agradable que la mía.




miércoles, julio 13, 2005

Respuesta a la Dama Blanca

En su último post, la Dama Blanca, del blog "Exilio de una soñadora", me pasa el testigo literario. Es un honor recogerlo, dama. No he pensado mucho las respuestas, creo que es mejor así. Me lo pones difícil, pero ahí van.

1. Recomienda cinco libros para el verano:

- "2666" de Roberto Bolaño
- "Tristano Muere" de Antonio Tabucchi
- "El libro de las ilusiones" de Paul Auster
- "Terapia" de David Lodge. Sí, este libro lo recomiendo siempre; tiene un sentido del humor fantástico. Si alguien no lo ha leído aún, se pierde algo muy divertido.
- "Una investigación filosófica" de P. Kerr. El título puede llevar a error. No se trata de un libro de filosofía, sino de una novela policíaca muy brillante. ´

2. ¿Qué libro te gustaría ser?

Difícil responder a esta pregunta. Nunca he pensado en ser un libro, aunque sí me hubiera gustado ser alguna de las mujeres que aparecen en las novelas. Confieso que me hubiese gustado ser Milena, por su relación con Kafka, y...por otras razones que no diré. De ser un libro elegiría "Madame Bovary" de Flaubert, un impresionante testimonio literario.

3. ¿Alguna vez te enamoraste de un personaje de ficción?

Un sí rotundo. Estuve locamente enamorada del detective Carvalho. Me leí todos los libros de Vázquez Montalbán; cuando hicieron la serie en la televisión...¡qué decepción! el actor que lo representaba era Puigcorbé. Yo me lo imaginaba con un aspecto semejante al del autor y con la serie (muy mala) desapareció mi amor por el detective. Es la primera vez que confieso este enamoramiento.

4. El último libro que compraste fue...

"Una ventana al norte" de A. Pombo

5. ¿Qué estás leyendo actualmente?

"Mi corazón al desnudo" de Baudelaire
"Para amantes y ladrones" de Zarraluki
"Yo he de amar una piedra" de A. Lobo Antunes

6. Cinco libros que te llevarías a una isla desierta...

Es complicado elegir sólo cinco libros. Citaré cinco, pero podrían ser otros, los he elegido porque puedo releerlos sin aburrirme nunca.

"La Odisea" de Homero
"La forja de un rebelde" de Arturo Barea
"Residencia en la tierra" de Pablo Neruda
"La infancia recuperada" de Savater
"A sangre fría" de T. Capote

7. ¿Qué libro abandonaste y después te encantó?

Abandoné "La Regenta" cuando era muy jovencita. Las descripciones muy detalladas me aburren, y esa fue la razón del abandono. Lo volví a empezar cuando comencé la carrera y me gustó mucho. Ahora está entre mis libros favoritos.

8. ¿Qué libro quisieras leer y aún no has conseguido?

Uno que nunca conseguiré porque el autor ha fallecido. El día 16 de este mes, si no me equivoco, es el aniversario de su fallecimiento. Me gustaría leer más de Bolaño, pero ya no podrá ser...

9. ¿A quién le pasas el testigo y por qué?

La Dama ya se lo ha pasado a algunas personas a quien se lo enviaría, de modo que se lo paso a Ixchel, a Lupema, Jersy, Julio y Monk. Espero que se den una vuelta por aquí para recogerlo. ¿Por qué se lo paso? porque me parecen personas interesantes, y tengo curiosidad por conocer sus gustos literarios. Hay más gente a la que me gustaría pasárselo, de modo que aunque no los nombre pueden recoger el testigo, me encantaría.
Y Pampargento, no te libras. Estoy ansiosa por leer tus respuestas.

martes, julio 12, 2005

Un poema de Walt Whitman

Sigo adelante con mis propósitos. A pesar de que la situación me tienta a quejarme de nuevo, no lo haré. Me he levantado muy temprano, he arreglado la casa y ya está mi bolsa preparada para pasar un día en la playa. Las obligaciones se quedan a un lado, no creo que ninguna de ellas vaya a llorar porque yo no esté cumpliéndolas. Apenas tengo tiempo, porque he quedado en breve con un amigo para marcharnos.

Les dejo un poema de Walt Whitman que me gusta mucho. Mi amor por los animales ha quedado claro en más de un post, pero nadie como Whitman para expresarlo. Aquí no sólo está el amor y respeto a los animales, también se refleja el estado de paz y tranquilidad que me gustaría conseguir.

Creo que podría transformarme y vivir
con los animales. ¡Son tan tranquilos y
mesurados!
Me complace observarlos largamente
No se afanan ni se quejan de su suerte.
No se despiertan en la noche con el remordimiento
de sus culpas.
No me aburren discutiendo sus deberes
para con Dios.
Ninguno está descontento, a ninguno le
enloquece la manía de poseer cosas.
Ninguno venera a los otros, ni a su especie,
que cuenta miles de años de existencia.
Ninguno es respetable ni desgraciado en
toda la ancha Tierra

¿No les parece que deberíamos observarlos un poco más? tal vez aprenderíamos mucho.
Feliz día.

domingo, julio 10, 2005

El final de otra historia de amor


Otro fracaso sentimental. La relación con R. se acaba cuando aún está empezando. Ninguno de los dos lo ha dicho, pero su falta de interés, su dejadez, su egocentrismo y probablemente mi tendencia a la tristeza han acabado con ella. Tal vez nunca hubo nada más que ilusión por mi parte y necesidad de cariño por la suya; poco para construir algo duradero.

Me siento decepcionada y un poco triste. Temo estar incapacitada para tener una relación sólida con un hombre. Sé que me cuesta mucho llegar a tener verdadera intimidad con alguien (no hablo de intimidad física); mantengo cierta distancia y una máscara de frivolidad. La máscara me la puse hace tanto tiempo que es difícil quitársela, la llevo como una segunda piel. Para escribir me la quito siempre, pero en las relaciones cara a cara soy incapaz, me siento protegida llevándola.

No hemos dicho "esto se acabó", no es necesario. Es suficiente con mirarlo a los ojos para saber que no tiene ningún interés en mí. Llegó el sábado, un día antes de lo previsto. Esperé su llamada durante la mañana, hasta las 6.30 de la tarde no sonó el teléfono: "¿qué tal estás? me han ido a recoger al aeropuerto y nos hemos quedado a comer por ahí. ¿Te apetece que nos veamos mañana para comer?". No me lo podía creer. Después de dos semanas sin vernos y viviendo aquí al lado pospone un día más su visita y me cita para el domingo. En contra de lo que suelo hacer, que sería decir "Sí, me encantaría, comemos mañana", le dije lo que pensaba de toda esta historia. Prometo que no levanté la voz ni le insulté, me limité a mostrar lo que sentía. Media hora más tarde estaba tocando el timbre de mi puerta. De nada sirve; no quiero que me vea porque se sienta culpable.

Dije que estaba decepcionada, que esperaba algo más de él, y que me entristecía comprobar que no tenía ningún interés en mí. Su respuesta fue que él nunca me había prometido nada, que no me había mentido (¡¿Quién habló de promesas? ¿quién dijo que me había mentido?!), que yo le gustaba y le parecía muy inteligente, pero no sabía si sentía algo por mí. Precioso. ¡Cuánto me alegra parecerle inteligente!, estoy henchida de gozo...Eres bobo R., no esperaba oír de ti una declaración de amor pero tampoco semejante chorrada, ¡que no estás juzgando a uno de tus doctorandos!, estás hablando a la mujer con la que sales, con la que haces el amor, a la que le has contado tus proyectos y tus tristezas...Bien, se acabó. Parece que tenemos necesidades y ritmos diferentes.

Se acaba de ir hace un rato, tan contento porque esta semana se queda de vacaciones y se marcha un mes de viaje. Totalmente insensible a lo que yo pueda sentir. Entre los propósitos que mencioné en el post anterior estaba no seguir auto compadeciéndome, de modo que no lo haré. Disfruta de tus vacaciones. Ojalá llueva todos los días y cojas una gripe que te mantenga en cama durante dos semanas.

viernes, julio 08, 2005

Los buenos propósitos

Con la ayuda de algunos amigos he cazado a mis monstruos marinos; hemos preparado con ellos una caldereta acompañada de una botella de Albariño. La situación mejora un poco. Seguirá habiendo turbulencias, pero los monstruos ya no me impedirán continuar viaje. Es el momento de plantearme cambiar algunas cosas de mi vida.

Parece que mucha gente confecciona su lista de buenos propósitos al comenzar un nuevo año. Dejar de fumar, apuntarse a un gimnasio, perder algo de peso o aprender inglés (¡de este año no pasa!) son alguno de los más populares. No necesito adelgazar, el inglés me ganó la partida hace mucho, el tabaco me gusta y el gimnasio...me relaja, no necesito incluirlo en mi nueva lista. No estamos empezando un año, pero da igual; sólo son fechas que no me dicen nada. Para mí ahora debe iniciarse un nuevo ciclo, y por eso he estado pensando en los cambios que necesito.

- No volveré a perder mi tiempo saliendo con gente que no me gusta, sólo por compromiso. No hay suficientes horas para hacer todo lo que queremos, no las seguiré malgastando al compartirlas con personas que me desagradan o simplemente me aburren.

- Cuidaré más la relación con esos amigos que siempre están ahí; por muy complicadas que sean sus vidas siempre tienen un momento para llamar, para escribir un correo o incluso para cenar conmigo. Comparten sus buenas y mala noticias, se alegran cuando tengo algún éxito, nos reímos juntos...es un buen momento para decirles "gracias por existir".

- Quiero eliminar de mi entorno aquello que me hace daño. La relación con J., un ex novio, del que sigo siendo amiga pero que me ofende con mucha frecuencia; un trabajo extra que acepté hace dos años y que me supone una agonía, porque no estoy suficientemente capacitada para hacerlo (y me ocupa algunas horas de sueño); y, sobre todo, dejar de hacer quijotadas. Ya está bien de hacer el tonto, intentado ayudar a quien no quiere, sólo consigo disgustos.

- Implicarme más con los niños de un centro de acogida. Por falta de tiempo, de ganas y ...fundamentalmente por la tristeza que me causaba verlos, fui descuidando mi compromiso. Hoy mismo vuelvo a ocuparme de ellos, allí tengo un ahijado y nos lo pasamos muy bien juntos.

- Permitirme los caprichos que me dan un poco de felicidad. Una escapada a Madrid para ver teatro, comprarme alguna primera edición o una encuadernación de lujo, una visita a Cataluña a visitar a un amigo escritor (es un verdadero tesoro escondido), o simplemente un día libre para ir a la playa.

- Y lo más importante. Dejar de una vez por todas de hacerme la víctima, de autocompadecerme y quejarme de los golpes de la vida. Algunos han sido mala suerte, pero otros debo reconocer que me los busqué yo, y por tanto no hay queja posible.

Si cumplo alguno de estos propósitos me doy por satisfecha. El domingo regresa R., el "nanotecno", que está en Corea en un congreso. Espero que no haya cogido la malaria, porque no tengo noticias suyas desde hace más de una semana. ¿Son todos los hombres igual de descuidados?. Si la respuesta es "sí" será preferible continuar sola, esperar que suene el teléfono o que llegue un mensaje (siempre en vano) estaría bien si fuera más jovencita, pero ahora no, ahora es ridículo.


Feliz día.

miércoles, julio 06, 2005

Una mañana en IKEA

Gracias a todos los que habéis dejado comentarios de ánimo. Me he atrevido a releer el post anterior, algo que nunca hago, y he sentido vergüenza por tanta autocompasión y tanta queja. Después de unos días atiborrándome a dulces y chocolate, bajo la artillería de todos los demonios, hoy me he puesto de nuevo en marcha; con dificultades, pero en movimiento al fin y al cabo. Toda navegación tiene sus turbulencias, sus Escila y Caribdis, sus Simplégades, y lo que hay que hacer es tratar de superarlas. Y aquí estoy, esperando a que las aguas se tranquilicen, agarrada a un tronco del mástil.

Para distraerme he ido a IKEA con un amigo que está arreglando su casa. Me sorprende que en una región tan pequeña como esta haya tantos centros comerciales, todos ellos llenos de gente. Sin embargo, ahí están, será por algo. No pensaba comprarme nada y he vuelto a casa con un nuevo flexo (y van cuatro) , un montón de archivadores (¿para qué? no sé archivar, tiro los papeles de cualquier manera dentro de las cajas, sin indicar fecha ni procedencia) y unos horribles revisteros (¡me había propuesto tirar las revistas!). El listo de mi amigo no se compró nada...soy de las tontas que siempre pica.

Preguntamos por algunos de los objetos que venían en el catálogo, pero no los tenían, nos respondieron que trabajaban con el catálogo del año siguiente (!!!). Cuando intentamos sacar un café de una máquina (si voy a una gran superficie tengo que sacar café, sé que es horrible, pero...no lo puedo remediar) no supimos colocar el vaso y todo el líquido se derramó por el suelo. Ya cansados y cargados con mis trastos buscamos la salida; sólo había flechas y más flechas que nos llevaban a nuevas secciones, pero nunca a la puerta. Angustioso, creí que me quedaría encerrada en IKEA para siempre, hasta que un amable guardia de seguridad -pequeñito como un pin y pon- nos indicó el lugar al que nos teníamos que dirigir.

Y ahora un comentario tal vez un poco malvado. En la tienda había varias parejas de hombres, la mayoría vestidos con camisetas de colores chillones , pantalones unos centímetros por debajo de la rodilla y un bolsito en bandolera. Sigo con la duda de si se trataba de una excursión de algún club o asociación o es que con la nueva ley de matrimonio homosexual están comprando muebles para su casa con la idea de un próximo matrimonio.

No me malinterpreten; a mí me da igual quién se case, simplemente me sorprendió la cantidad de chicos vestidos iguales, todos muy modernos y morenos. Lo aclaro para que no me acusen de homófoba, que no lo soy en absoluto, pero no me gustan los horteras. Y el disfraz de los compradores me pareció realmente espantoso. Soy una clásica, me gustan los niños con pantalones cortos y los hombres con pantalones largos y con las mangas de sus camisas o camisetas que lleguen al menos hasta el codo. La exhibición de bíceps y pantorrillas deberían dejarla para la playa o piscina, la ciudad (y menos en este norte lluvioso y frío) no me parece el lugar adecuado.
El mal gusto en el vestir triunfa, al igual que en casi todo. Para muestra los feos y chillones revisteros que me he comprado hoy...¿alguien los quiere?

lunes, julio 04, 2005

Enfermedad

Está lloviznando y hace frío. No quiero levantarme, creo que estoy enferma. En realidad es mi pobre cerebro anómalo, disfuncional y frágil el que está enfermo. Alguien me dice que los cerebros normales se parecen todos entre sí y que son anodinos y estériles. No es cierto; yo quiero un cerebro normal, el mío es estéril a pesar de sus anomalías, para nada bueno ni creativo me sirve, sólo para hacerme sufrir y causar sufrimiento a quien me quiere. Anhelo estar en el cielo de los bienaventurados, no en este infierno de réprobos, lleno de espíritus atrofiados. Estoy harta de funcionar sólo a condición de estropearme una y otra vez, de enfermar y recuperarme con grandes dificultades, de inventarme una salud. No J., de mis llagas no se destilan bálsamos. Cada día es más difícil encontrar ese bálsamo, lograr inocularme dosis de "verdad", lo único que logro es caos. Cansada de desestabilizarme, de desviarme, de esta peligrosa proximidad a lo que vulgarmente llaman "locura".

Me gustaba Nietzsche, pero ya no lo soporto. No creo en sus palabras de que estar enfermo es instructivo, más instructivo que estar sano; no encuentro en mi propio infierno el poder para construir un "nuevo cielo". Él dice que se ha curado a sí mismo y que en el fondo es un ser típicamente sano. Bendito sea, yo no logro curarme a mi misma, tal vez porque no soy una enferma circunstancial sino que mi enfermedad es tipológica.

Este escrito destila hoy una tristeza y un desánimo enorme, lo sé, a veces es inevitable. Sería preferible que nadie lo leyera, pues la imagen que estoy dando es la de una persona en proceso de hundimiento psicológico. En eso estoy. Y a mí la enfermedad no me ayuda a pensar, no la entiendo "como una ratio cognoscendi de la voluntad de poder". Lo único que necesito es dormir durante días, semanas, quizás meses...y que los incordios mentales desaparezcan; ser la que era antes, no esta desviada con el centro de gravedad desplazado.

Me voy a automedicar y a meterme en la cama, con las persianas de la casa bajadas. Ojalá me pueda crear una nueva e ignorada posibilidad de vida. No tengan en cuenta esta sarta de estupideces. Esta yo no soy yo, o al menos no me reconozco.
Seguiré el consejo de MONK, que me dice que escuche "100 mentiras" de mi admirado Sabina.

domingo, julio 03, 2005

Regreso


He vuelto a casa antes de lo previsto, como un perro arrepentido, con la cola entre las patas y la cabeza gacha. Había pagado el alojamiento hasta el martes, pero algo se torció en mí y decidí regresar. Mejor que por ahora espere a que se calme la marejada, y cuente en otro momento que fue lo que sucedió. Voy a intentar narrar brevemente cómo fueron los días de descanso.

La casa es preciosa; una típica casa asturiana, de madera y piedra, totalmente restaurada respetando el diseño original, con un corredor alrededor de toda la planta superior. La planta baja, pintada de un azul precioso, que con el color de la madera oscura es una combinación preciosa para mí. En la segunda planta, un enorme cuarto abuhardillado, con vigas de madera, una cama confortable, un armario antiguo con cortinas de lino y un ventanal, con contraventanas, desde el que veía las montañas. En la entrada , un banco en el que siempre daba el sol, muchas flores, y una perrita que vino a verme todos los días y me acompañó en mis paseos.

Me fui allí con la idea de descansar, leer y sobre todo de hacer las paces conmigo misma. El descansó lo logré, disfruté de mis lecturas (especialmente de "2666", de Bolaño, una novela redonda, perfecta) y hasta creí que había logrado reconciliarme conmigo. Fue un espejismo. La segunda tarde, sentada en el corredor, con mi inseparable taza de café y mi pitillo, estaba mirando a una gata mientras cuidaba de sus crías; los pequeños jugaban sin parar, saltando, dándose zarpazos, llamando la atención de su madre. Ella, agotada, los lamía, y de vez en cuando se apartaba de puro agotamiento. Me enternecieron. Abrí unas latas de bonito, hice unos huevos revueltos y se los bajé junto a un cacito con agua. ¡Cómo disfruté viéndolos comer! probablemente era la primera vez en su vida que comían algo parecido. Fue entonces cuando creí que había logrado hacer las paces con este yo que hace tiempo que no soy yo, cuando encontré a la chica que fui un día, alegre, buena, generosa, interesada por todo y por todos, que se consideraba capaz de lograr cualquier cosa que se proponía. Esa misma noche me encontré un zorro de lomo anaranjado y una cría de corzo. Me sentí en el paraíso.

Los días siguientes seguí paseando, acompañada de la fiel perrita (no me la pude traer, tenía dueño), leyendo, subiendo a la montaña a ver corzos y caballos (no volví a ver otro zorro), alimentando a los gatos y disfrutando mientras los observaba.. Pero la noche del viernes sucedió algo que me tuvo llorando durante horas como una estúpida; me sentí avergonzada cuando vi mi cara deformada y afeada por el llanto en el espejo del cuarto de baño. Decidí recoger mis cosas y marcharme al día siguiente. Sacar el coche de aquellas calles tan empinadas y estrechas fue un milagro. Y aquí estoy otra vez, sentada al ordenador e intentando recomponerme.

Las llamadas de un amigo, con sus ánimos, sus palabras reconfortantes, sus bromas y sus risas me hicieron bien. Es la persona que más me ha hecho reír en este año aciago. Aquí rescato una frase del libro de mi admirado Bolaño "la espada del destino le corta una vez más la cabeza a la hidra del azar".

Un saludo afectuoso a los que seguís por aquí.